02. Cambio de dirección
Lección no. 2
Cambio de dirección.
JOSUÉ Y DANA VILLATORO
Idea clave.
Cuando Jesucristo transforma nuestro corazón, lo hace de manera total y completa, de modo que es capaz de cambiar todo lo que éramos antes, para hacernos nuevas personas.
Ezequiel 18: 21-23 NVI
Una historia real.
¿Has escuchado el refrán que dice “árbol que nace torcido, jamás su rama endereza?, ¿cómo lo dicen en tu país?, ¿conoces su significado? El refrán quiere decir que si algo empieza mal definitivamente terminará mal. Y si alguien parecía estar destinado a que todo le saliera mal, ese es el protagonista de nuestra historia, le llamaremos Arturo.
Cuando Arturo tenía 7 años de edad, su papá lo abandonó: el señor tomó a su esposa y a sus 4 hijos pequeños, de los cuales Arturo era el segundo, y los llevó a una ciudad desconocida, diciéndoles que iba a conseguir trabajo a otro lado y que volvería en unos meses con dinero, nunca volvió.
Arturo nunca fue a la escuela, aprendió a leer en la calle. Desde niño pequeño, se acostumbró a hacer trabajos pesados: cargaba baldes de agua para otras personas, arreaba ganado, fue ayudante de albañil, de herrero, ayudante de carpintero, etc.
Algunos años después, cuando Arturo era un adolescente de 16 años, su mamá falleció. Así, Arturo se quedó huérfano en plena adolescencia, encargado de sus 3 hermanas menores. Lo peor vino después: Arturo comenzó a trabajar en una cantina: comenzó como limpiador del baño, luego del piso, luego de mandadero, hasta que llegó a ser el barman, y su lema era: “uno para ti y uno para mí”; se hizo un borracho de lo peor, e incluso, llegó a practicar la brujería. Huérfano, sin estudios, alcohólico, solo, ¿qué se podía esperar de Arturo? Casi nada.
Sin embargo, una noche, mientras caminaba de la cantina a su casa, pasó por un lugar donde escuchó que la gente cantaba, se aproximó, y alguien le invitó a pasar, le dijo que estaban en “la campaña”. Arturo, sin entender muy bien lo que pasaba, entró, se sentó hasta atrás, y permaneció un tiempo por simple curiosidad.
Esa noche, el predicador habló sobre Romanos 6:1, “¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera”. Sin darse cuenta, sin ser consciente, de pronto Arturo estaba en el altar, entregando su vida a Jesús, pidiendo perdón por sus pecados, clamando por un cambio de vida.
A partir de entonces Arturo dejó de tomar, renunció a la cantina, comenzó a congregarse, buscó mejorar su vida, trabajó duro de forma decente, se casó con una señorita cristiana con quien formó un hogar, y hoy, en su ancianidad, vive rodeado de hijos, nietos y bisnietos, que aman y sirven a Dios.
¿Crees que el refrán es cierto para todas las situaciones?, ¿conoces a alguna persona que tenga una historia similar?, ¿cómo crees que sería la vida de Arturo si esa noche no hubiera entrado a aquel lugar?, ¿crees que Dios es capaz de cambiar a cualquier persona?
Si el malvado se arrepiente de todos los pecados que ha cometido, y obedece todos mis decretos y practica el derecho y la justicia, no morirá; vivirá por practicar la justicia, y Dios se olvidará de todos los pecados que ese malvado haya cometido. ¿Acaso creen que me complace la muerte del malvado? ¿No quiero más bien que abandone su mala conducta y que viva?
Yo, el Señor, lo afirmo.
– Ezequiel 18: 21-23 NVI
¿Qué dice la Biblia?
En el tiempo antiguo, en los textos más arcaicos del Antiguo Testamento, encontramos que, si alguien cometía un pecado o una mala acción, el castigo recaía sobre esa persona y sobre su descendencia (Éxodo 20:5, 34:7; Deuteronomio 7:9-10). Es decir, la ley de Dios dictaba que los hijos serían castigados por la desobediencia de sus padres, aun cuando ellos no tuvieran culpa alguna por las acciones que sus antecesores hubiesen cometido.
Sin embargo, el mensaje dado por el profeta Ezequiel nos muestra una perspectiva diferente: Dios ahora dará su propio merecido a las acciones de cada persona, si una persona actúa bien, recibirá el bien; si una persona actúa mal, recibirá el mal. Dios dice que, si el malvado se arrepiente y obedece los preceptos de Dios, entonces la muerte que le correspondía se convertirá en vida (Ezequiel: 18: 21).
Reflexión.
Piensa en las acciones que has realizado en tu vida, ¿las describirías como buenas o malas?, piensa en las que has realizado en la última semana, ¿la balanza se inclina hacia lo positivo o lo negativo?
La Biblia dice que todas las personas tenemos una inclinación a hacer lo malo, el apóstol Pablo habla acerca de 2 naturalezas, 2 tipos de acciones que brotan de nosotros, y que pueden venir de nuestra naturaleza humana, o pueden ser fruto del Espíritu de Dios.
Las obras de la naturaleza humana son; inmoralidad sexual, impureza, brujería, odio, celos, rivalidades, envidia, borracheras, arrebatos de ira, etc.
Y los frutos del Espíritu Santo son; amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio.
(Gálatas 5:19-23 NVI).
Si una persona actúa bien, recibirá el bien; si una persona actúa mal, recibirá el mal.
Challenge personal.
- ¿Qué características definen de mejor manera tu situación actual; las producidas por la naturaleza humana o las que da el Espíritu Santo?, ¿qué características te gustaría que las personas observaran en ti?
- ¿Crees que puedes cambiar por ti mismo?, ¿has intentado dejar de ser de alguna manera y te frustras porque no lo has logrado?
¿Te gustaría pedir al Señor que transforme tu vida de forma radical; cambiando tu naturaleza humana y dándote el fruto de Su Espíritu?
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